Aunque existen multitud de artículos que citan los beneficios de viajar y el impacto positivo que tiene sobre la personalidad, me voy a centrar en todo lo positivo que me ha aportado este viaje como experiencia personal.
El tipo de viaje en si suponía una experiencia novedosa, ya que nunca he estado tanto tiempo de turismo y vacaciones en un sitio especifico, cuanto menos en un país tan desconocido para mi como era Indonesia, con el añadido de participar en un proyecto educativo como voluntaria. En todos los aspectos el viaje a Bali brindaba la oportunidad de vivir situaciones nuevas y desafiantes, de salir de mi zona de comfort y de ampliar miras conociendo cultura y personas nuevas. Y es que vivir la experiencia de ser profesora de ingles y contribuir en cierta medida en la educación de los niños locales en una isla paradisíaca en la otra punta del planeta no podía presentarse como más atractiva. Contaba con el tiempo, los recursos y la ilusión, por lo que decidí que era el momento. ¿Por qué decidí hacer este tipo de viaje justo ahora? Supongo que son varias circunstancias, algunas ligadas con mi personalidad aventurera, y otras con la intensificación temporal de la necesidad de vivir algo diferente y conocer nuevas culturas que tenia en este momento.
No obstante, aunque he acabado pasando mis vacaciones en uno de los sitios más bonitos que he conocido en mi vida el orden fue inverso, he de reconocer que el destino vino después. Primero decidí que quería pasar mis vacaciones haciendo algo más que turismo. No ha sido hasta este viaje, cuando he conocido tanto la parte local como la parte turística y he vivido ambos, así como el contraste entre ellas que no he sido tan consciente de que se tratan de universos distintos solapados en un espacio geográfico en el que el turista representa el principal recurso de explotación. El mecanismo económico de Bali coloca a los turistas como capitanes de su suerte, creando una dependencia absoluta en este sector. De hecho, ha sido el turismo el responsable del avance de la isla en las últimas décadas, algo que a priori es totalmente positivo si no tenemos en cuenta el notable subdesarrollo que existe en el resto de sectores. Y es que hasta la educación superior esta enfocada a cubrir puestos relacionados con el turismo (trabajar en cruceros, hoteles, etc). Además, gracias al voluntariado he podido vivir en un pueblo menos turístico que me ha permitido percibir y conocer en mayor medida la forma de vida en el día a día de los locales, la forma de vivir su religión, su educación, etc.
Investigando organizaciones que me permitiesen participar en un voluntariado de dos semanas (ya que muchas exigen un tiempo mínimo en meses) fue cuando encontré la asociación Tumaini, que trabaja con un amplio rango de proyectos y organizaciones solidarias en varias partes del planeta. Además te proporcionan información y asesoramiento mas detallado de los proyectos que te llaman la atención y te proporcionan consejos útiles de cómo afrontar el proyecto y matices sobre las peculiaridades del país y la zona del proyecto.
Elegí el proyecto de educación dando clases de ingles porque me parecía un reto personal, ya que nunca había sido profesora. Además al ser de ingles, pensaba que podía ser interesante a la hora de mejorar mi habilidad con el idioma. He de decir que el proyecto me ha resultado más de lo gratificante de lo que pensaba, ya que he descubierto la satisfacción que siente un profesor cuando los alumnos se enteran (que ya es difícil cuando se trata de niños que no hablan el mismo idioma) y que aprenden. Cuando además notas que recuerdan lo aprendido de clases anteriores la satisfacción se duplica. El valor al proyecto se amplifica cuando estas allí y tomas conciencia de la importancia del ingles en la comunidad balinesa, por el impacto que el turismo tiene ante mencionado. Personalmente, también me ha ayudado a mejorar mis habilidades resolutivas y personales (como por ejemplo, la paciencia) para intentar mantener atención o simplemente dinamizar la clase.
Además, este tipo de viaje ayuda a mejorar la capacidad de adaptación en general, debido al contraste en el desarrollo de infraestructuras con respecto a los países del norte, como por ejemplo, la ausencia de un sistema de transporte publico.
En general he aprendido a confiar más en mi instinto a la hora de viajar y a disfrutar del viaje, aun no teniéndolo controlado. Principalmente, en cuanto a la semana de vacaciones, he decir que nunca había viajado sin tener todos los hoteles reservados o la ruta exacta de lo que iba hacer antes de ir al sitio. Sin embargo, aquí no tenia opción ya que era imposible planificar de antemano la ruta de una isla tan remota a pesar de haberme leído la guía del Lonely Planet (o al menos los principales tips). En otras palabras, a ser mas flexible, a dejarme llevar y autogestionarme in situ.
Recomiendo a todo el mundo que tenga curiosidad por tener una visión mas realista de un país culturalmente tan diferente de vivir este tipo de experiencias. Si no lo hubiera hecho y me hubiera ido directamente a un resort a Kuta me hubiera perdido el 90% de lo que he vivido y he aprendido en este viaje. Si además eres una persona con inquietudes sociales y ganas de contribuir a equilibrar los hemisferios en la medida de lo que este en tu mano, la experiencia será totalmente plena.


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