¿Por qué viajamos? Escapar de
la rutina, conocer nuevas culturas y sus gentes, integrarnos en nuevos
entornos, aprender de la historia y los acontecimientos pasados, descubrir
nuevos lugares, reafirmarnos como personas, incluso para posturear en las redes
sociales, ¿por qué no? Mis razones siempre como un combo están presente, aunque
dependiendo del momento, con mayor sed por saciar unas más que otras…
Experiencia PURA VIDA. Lo que sí
puedo afirmar es que Costa Rica me ha permitido optimizar este combo de
experiencias únicas dentro de un equilibrio sano entre autenticidad y
explotación turística. Ello nos permitió fluir con soltura y con nuestros
sentidos activados absorbiendo la vida que palpita en cada rincón de este país
de forma fluida y segura.
Primer destino, Tamarindo: antiguo
pueblo de pescadores, actual centro de ocio natural. Tras 7
horas interminables de bus público tico después de un vuelo complejo de más de 20
horas (por verlo desde una perspectiva anecdótica), llegamos a la costa
pacífica de la mano de Tamarindo (provincia de Guanacaste, nuestro primer
destino. Se trata de una de las ciudades centro base donde los mochileros se
alojan para visitar otras playas cercanas y disfrutar de múltiples actividades
al uso mientras la fiesta protagoniza el “after
sunset”.
Cocktail de Bienvenida…y no
hablamos de alcohol. Empatizando con nuestro nivel de cansancio e
impotencia generalizada, una bandada de aves verdes nos coreaba la bienvenida en
las calles de Tamarindo. No puedo decir de que especie se trata: una de las más
de 300 que conviven en la zona. Este momento fue el principio de la inmersión,
en el que la naturaleza tomó las riendas y nos atrapó en su magia para que no
se nos ocurriese bajo ningún concepto no estar presentes en el mayor esplendor
que nos podía ofrecer (y que seguramente hayamos vivido).
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| Banda de aves exóticas en Tamarindo |
Sunset en la playa de Tamarindo:
pistoletazo de salida. Poco tiempo necesitamos para percibir el ambiente “surfer”
que tanto caracteriza este bello rincón de la costa pacífica. “Yoga Studio”, “Surfschools” y “Spanish
lessons” monopolizaban los rótulos de los establecimientos del lugar. Sin
embargo, todos perdían su afluencia a partir de las 5.30 pm, hora del “sunset”,
momento en que todos los viajeros se concentraban en la vida que concurría en
la orilla de la playa por la despedida del sol.
En mi caso suelo sentir el
atardecer como una experiencia en sí misma, ya que, dependiendo del lugar y
momento, cada uno te trasmite vibraciones diferentes. Quizás resulte anecdótico
pensar en disfrutar del “sunset” cuando no hay “sun”, es decir, cuando está
nublado. Sin embargo, la naturaleza
estaba haciendo su labor desde que llegamos y conseguimos conectar con una
puesta de sol rodeada de playas amplias con arrecifes visibles con la marea
baja, música chillout creciente en los bares de alrededor y un desfile de caballos
que se fundía en la orilla con el horizonte del paisaje.
Aventura semi-extreme: Surf, Canopy y Rafting. Quizás para
aquellos más deportistas hablar de surf como deporte “semi-extreme” resulte de
coña. Contándolo desde mi punto de vista
creo que lo es, ya que mi ratio coste/olas tomadas batió el récord del
subsuelo. No obstante, la experiencia fue muy divertida, pudiendo practicar mi
inglés oxidado con los gringos del lugar. Va a ser verdad eso que dicen de que
lo importante es participar 😊
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| Hostel la Oveja Negra, Tamarindo |
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| Playa de Cocles, Limón |
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| Surfers en Tamarindo Beach |
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| Surfers en Tamarindo Beach |
Además de los deportes acuáticos,
Costa Rica ofrece más aventuras a lo largo de su terreno. No pudimos irnos sin
probar las Canopy (las tirolinas de
toda la vida). He de confesar que subestimaba mi tolerancia por las alturas y
su poder de adicción ya que una vez que sobreviví al chute de adrenalina de la
primera, la última se presentaba como una decepción, ¿ya se acaba? No obstante,
este chute fue en incremento y el colofón de las tirolinas vino de la mano de
un salvo a vacío (el llamado Tarzan Swing) y el vuelo a lo gavilán por el valle
del Bosque Nuboso en Monteverde (el
famoso Superman). Porque…no todos los días se presenta la oportunidad de
dejarte volar, ¿verdad?
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| Puentes Colgantes, Bosque Nuboso Monteverde |
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Otra de las actividades en la lista
de must do era sin lugar a duda el Rafting. El río Pacuare es un río de
Costa Rica, perteneciente a la provincia de Limón, posicionado como el mejor
río del país y uno de los 10 mejores a nivel mundial para realizar los rápidos.
Fue una de las experiencias más adrenalínicas del viaje con la que pusimos el
broche de cierre. Descarga de adrenalina, deporte, risas, intercambio cultural,
paisaje de ensueño y avistamiento de fauna (con suerte algún oso perezoso) en
el camino solo puede sonar como una gran experiencia.














