Supongo que las impresiones que me
causó esta ciudad es la habitual para una europea que ha crecido y vivido en un
entorno con las características y rasgos del viejo mundo. En España, como muchos
de nuestros países vecinos, es bastante palpable el paso de las distintas
civilizaciones así como del desarrollo del país que tuvo lugar en el siglo
pasado. La mayoría de los edificios de viviendas y de muchas empresas provienen
de la misma época de expansión. Por lo tanto en esta ciudad se respira frescura,
modernidad, y crecimiento, quedando todo esto reflejado en cada rincón de esta
nueva ciudad.
Grúas de colores (siempre cuidadosas
de no romper la estética en la ciudad) en la distancia apresurándose en la
construcción de nuevos edificios y rascacielos, tejen el paisaje del centro
urbano de esta potencia asiática. No
obstante, también encontramos la huella de los acontecimientos bélicos de resistencia,
invasiones, colonización y lucha con los memoriales, entre los múltiples
centros comerciales que sostienen la ciudad.
Aunque a priori puede guardar cierta
semejanza con otras capitales punteras del mundo, lo cierto es que Singapur
transmite serenidad y armonía. Parte de estas sensaciones se deben a la atmosfera
de pulcritud y tranquilidad que envuelve a la ciudad debida a las medidas
estrictas encauzadas a reducir el tráfico y la congestión. Para ello, el gobierno mantiene niveles de
impuestos tan elevados para los conductores que resultan imposibles para un
ciudadano medio mantener un coche. Además ha sido de las primeras ciudades en
el mundo en instalar un sistema ERP en la ciudad (tarifas de congestión), a
través del cual se penaliza con un cargo electrónico a los coches que acceden
al distrito comercial situado en el centro.
Otra de las ventajas de pasar por
Singapur es que existe una variedad gastronómica amplia y si conoces la ciudad
puedes pasarte por diferentes mercados en los que se ofrecen degustaciones por
un módico precio.
Lo ideal es pasar una noche en
Singapur para formar parte del espectáculo de luces que inunda cada noche la
ciudad desde el rio, un parador perfecto para la contemplación del desarrollo de
la urbe con los números edificios que
rompen el horizonte de Singapur. También impresiona la presencia del hotel
Marina Bay, uno de los principales emblemas y una mini ciudad dentro de
Singapur, donde los huéspedes cuentan con casinos, museos, tiendas variadas
para satisfacer sus necesidades más amplias (sin duda con una media de 1.000 $
la noche por habitación podemos ser exigentes, ¿no?).
Cerca del hotel Marina Bay
encontramos los “Gardens by the Bay”. Personalmente, no me atrae mucho la idea
de dedicar mucha atención a jardines y
parques cuando voy a estar poco más de un día en un sitio pero merece la pena
dar una vuelta cuando además se encuentran tan a mano (justo detrás del hotel).
Si Singapur es silencioso, el parque viene a ser más estimulante porque el
principal sonido es el de las aves que lo habitan integrado con el sonido del
agua de los riachuelos que lo cruzan. Por
supuesto, el parque cuenta con numerosas facilidades: Mc Donal (sin wifi aun,
por lo que te obliga aún más a sumergirte en un aura de paz), aseos, restaurantes,
parque para niños y acuarios con especies exóticas. Sin duda un buen lugar para
pegar una cabezada mientras esperas para tu siguiente vuelo.