No pretendo ser experta de la realidad de un país en 15 días.
Pero sí me hago eco de su perfume.
Esa fragancia que embriaga a todo el que se digne abrir sus
sentidos una porción más allá de lo obvio.
El perfume de Kenia es intenso.
Intenso en paisajes, diversidad cultural y experiencias.
La intensidad de su pasado es tal, que es percibida en el
presente con sus más de 70 etnias tribales.
Vamos a volver Aquí y Ahora.
Dejemos el pasado pisado por el momento.
Como comento, Kenia regala diversidad y variedad a doquier,
para turistas coleccionistas de experiencias multicolor.
Sabana, bosque, marrón, verde.
Interior, costa.
Acacias, corales.
Safaris, Snorkeling.
Nomadismo, metrópolis.
Corrupción, pobreza.
Cristianismo, islam.
Turismo de lujo, Turismo responsable.
En este universo de contrastes, el Turismo responsable es una opción, pero también un perfume particular.
Es la elección de vivir una experiencia con una sensibilidad
especial.
Y no es que te embutes un traje geoespacial Made in Braveheart
que nos otorgue el calificativo de Salvadores de la patria.
No están diseñados para creernos salvadores.
Por mucho que nuestro ego se resista.
Ni siquiera para mirar con desprecio a los turistas de
lujo.
NO.
El turismo responsable se coloca en un lugar de Apertura.
De respeto.
De conectar con lo que es.
Sin menospreciarlo.
Y, desde ese reconocimiento de lo que hay, aportar
nuestro granito de arena.
Un granito, que no una montaña.
Un granito que no cambia un país, pero puede cambiar una
vida, trayectoria o conciencia colectiva.
Un granito que permite compartir desde otro lugar, desde la
sagrada conexión vivida con una cultura.
No es la mejor forma de Viajar en Mayúsculas, pero sí la que
yo he encontrado.
Y este perfume, se vuelve fuerte y difícil de digerir, cuando nos colamos en un día cualquiera, en la vida de personas desfavorecidas son víctimas de prácticas injustas. Aún hoy en día.
Nos impulsa a la escucha y oportunidad de expansión, al conocer a
heroínas locales que han dado todo por su comunidad. Como Mamá Faith.
Nos regala oportunidades para valorar las diferencias pero también lo que nos une como seres humanos, en este hilo invisible del Amor.
A cambiar pequeños hábitos de consumo en el país durante el
viaje, y que más tarde calarán en nuestra vida “real”.
A guardar un respeto inmenso por los ecosistemas naturales
del medio local, y a todas las personas que se entregan con pasión a esa
misión.
El turismo responsable es un estilo, una actitud, un estado,
una fragancia con la que nos rociamos antes de visitar un país.
Y este perfume, se potencia con el aroma de otros compañeros
de viaje que se colocan en la misma apertura y disposición.
Se conoce como Turismo Responsable.
Yo prefiero el término Turismo Sensible. Porque la
sensibilidad es el lenguaje del alma. Aquel que permite conocer, cuidar y
conectar, más allá de una responsabilidad autoimpuesta.
Es el lenguaje del fluir desde el relajar tus defensas.
Desde el dejar a un lado tus creencias, tu necesidad de
refuerzo o de salvar.
Es la parte del ser que emerge cuando dejamos nuestra racionalidad
relajarse y decidimos comunicarnos desde el cuerpo.
Es una decisión, al alcance de todos.
Una actitud, que también confluye cuando volvemos, dejamos
la maleta en un rincón de casa y tenemos que empezar en nuestra rutina de
oficina. Mientras esperamos el siguiente viaje con el calendario en mano y
pedimos al universo que no haga muy cuesta arriba el tránsito hasta el próximo
viaje.
Es una actitud, que vive en cada interacción, y que también
puede existir en nuestro viaje de cada día.
Porque la vida está llena de Safaris.
Algunos, con perfume casero, en el KM0 de nuestra vida.













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