miércoles, 17 de abril de 2024

Memorias de África II: siente la llamada de la Sabana

Siente la llamada de la Sabana




Que tengas un buen Safari

Estaba en el vuelo de ida a Nairobi, y después de un vuelo de más de 24 horas entre escalas y pitos flautas.

Después de aterrizar, en ese tránsito eterno hasta que sales del avión, dos kenianos, se abrazaban efusivamente, (con las pocas energías a su alcance), y se deseaban buen Safari.

En swahili, por lo que solo pillé y deduje el resto por contexto.

Y es que Safari tiene el especial significado de Viaje.

Si es que si hay algo que unen a la mayoría a los viajeros de Kenia son los Safari.

Con ello, también hago referencia a la principal compañía de telecomunicaciones del país. En cualquier esquina de remota de este país del cuerno de África, en la más profunda esquina rural, te encuentras tiendecitas verdes con rótulos de brocha gorda que rezan: Safari.

Siempre que viajamos, tenemos dos Safaris que se complementan: un viaje interno y otro externo.

El externo es aquel compartimos todos los viajeros de un mismo grupo, cuando nos exponemos a una experiencia. El interno depende de como cada uno la procese. A veces, por mera supervivencia energética del tute viajero, ponemos un poco en pausa la conciencia sobre todo el flujo interno. Entramos en modo avión y confluimos con el paisaje que enmarca un sinfín de estímulos sensoriales. Otras veces, en cambio, necesitamos conectar con la mella interna.

En el caso de Kenia, como en otros viajes, el Safari interno se va llenando cuál laguna de la sabana, para brotar con fuerza a la vuelta. Ha estado ahí siempre, tomando forma, pero toma conciencia en el post viaje.

Ahora, en este post viaje, me encuentro con mi gato Blaky demandando atención. Y con esta atención me refiero a los Juegos de Caza.

No puedo evadirme de la obviedad de su carácter felino. Y digamos que encuentro un salvoconducto directo al Safari de mis recuerdos, que me teletransporta a un país 10.000 KM al sur de donde me encuentro.

A un parque de 22.000 KM2 que es el más grande de Kenia, cubriendo un impresionante 4% de su superficie. El Parque Tsavo.

También conocido por el  que parque natural favorito de Obama, que describe y narra en los documentales de Netflix.

Me dejo embriagar con nuestro conductor, que serendipias de la vida, también ocurre llamarse Safari.

-          Lets go for the cats!!! There is a wedding going on.

Y así, a pesar de la lluvia, porque sí que llueve en la sabana africana, y el cansancio, nuestros niveles de dopamina subieron a alto voltaje.

Sí que vimos felinos, vaya que sí.

Hasta osamos romper la intimidad de una parejita de leones que tomaban la siesta bajo un matorral haciendo su cucharita.

Lo que nos quedó pendiente fue el leopardo: felino escurridizo donde los haya. Pero sí te cuento todo lo demás.

Sin dejarme atrás el Safari Acuático, de la costa keniana, que pocos conocen.

Pondré el énfasis en el Safari externo, pero también dejaré entrever el Safari que acontece en mi interior. O al menos ahora, al resucitar estas memorias.


Entrada al Tsavo East National Park


Karibu Kenia

Después de más de 30 horas en pie, el karma hizo su trabajo.

Y es que, ¿qué mejor bienvenida a Kenia que dormir dentro de un santuario?

Ya la misma tarde de llegada, nos embarcamos en un paseíto de introducción a la naturaleza keniana, un spoiler de lo que nos depararía la próxima quincena.

Este paseo, lo realizamos de la mano de Kennedy, un guía de la tribu masái que nos contó como sobrevivió a una noche en el bosque rodeado de fieras en su infancia. Como una hazaña propia de un reto tribal que nos contemplamos con respeto, este testimonio fue suficiente para reconocer su merecido superpoder de conexión con la naturaleza.

Kenia fue lo suficiente generosa para mostrarnos en nuestro Safari a pie del primer día, una familia de jirafas: un adolescente, un bebé, y lo que entendemos que sería los adultos a cargo.

Todos alucinamos.

Porque, de repente todos los documentales de la 2, o de Netflix más recientemente, cobraban vida.

El sol, entrando en ocaso, ponía fin a un primer día cargado de adrenalina que ponía a máximo ralentí nuestras expectativas del viaje.

La aventura acaba de empezar. Después de quitarnos unas cuantas garrapatas, claro está.

Por la noche, ni nuestros compañeros de cuarto, una familia numerosa de babuinos, ni la novedosa especie Hyrax, faltaron a su recital nocturno de antes de medianoche.

Si estás en mitad de un santuario de animales en Kenia, y te topas con un grito femenino nocturno, mejor logrado que en cualquier película de Hisckot, no te abrumes.

Es el hyrax, de apariencia castor y de origen elefantino.

 

Hyrax


Un safari en bici

Antes de decidir dar el salto a un viaje, se crean ciertas imágenes en nuestra mente que funcionan como motor diesel para dar el Sí quiero. O gasolina 98, lo que prefieras.

Una imagen que me conectaba con el Valor Aventura era la idea combinada de Safari + Bici.

Bien, hágase realidad sus deseos.

Como la mayoría de las veces, la imagen real se complemente con otros sentidos. Con ellos, el calor del parque protegido este día. La necesidad de llevar en manos pares, tanto la crema solar como el agua. Gajes de África.

También era importante, refrescar las nociones básicas de bicicleta.

Porque sí, un piñón mal puesto, puede hacerte cuesta arriba la travesía. Y es literal.

Cuando le pillas el truquillo, sólo estás destinado a hacer una cosa: Fluir.

Y en ese momento, te das cuenta de que te quedas sola, porque no puedes seguir el ritmo del grupo. Te rindes, decides dejar de mirar el suelo y prestar una visión 360 alrededor tuyo hasta que encuentras la sensación.

O la sensación te encuentra a ti.

Solo escuchas tu respiración.

¿Y si pasa un leopardo por aquí? _ un pensamiento fugaz quiere tomar protagonismo.

Un intento malogrado de sacarme del presente.

Me percato de que una familia cebra, orbita de forma relajada junto a una familia de búfalos. Una criatura extraña, que me recuerda a un pelícano gigante, desfila a unos metros de este mejunje de manadas.

La atención está abierta a todo lo que naturaleza provee.

Hasta que se focaliza.

Me doy cuenta de que una cebra me observa desde la distancia. He pasado a ser una de las especies más que son escrutadas ese día.

También percibo la insignificancia de mi ser, de esa vulnerabilidad de ser una más en ese ecosistema sagrado perfecto.

Silencio.

Cargado de magia y vida.

Porque estos no van reñidos.

Es ese silencio el que permite canalizar la vida y la magia, a fin de cuentas.

 Fotitos del Santuario Swara:










 

Un equilibrio perfecto

Hay un lugar, donde los sonidos de la naturaleza desbancan a cualquier video relajante de youtube.

Especialmente, a la hora de dormir.

Cuando nos colocamos al margen de la partida que la naturaleza juega de forma perfecta.

Porque somos una especie más.

Cuando el silencio de nuestros diálogos incesantes se ponen pausa, la rendición completa de nuestro cuerpo y ser, es la consecuencia natural.

La rendición a lo que es.

A una sinfonía libre de dirección de todos los animalejos e insectos que encuentran ponen en juego a la luz de las velas todo su fervor.

¿Cuántas ranas pueden estar coreando?

Parecía un concierto infinito, en el que nuestra conciencia se cuela de forma intrusiva.

Y al final, no te queda otra que elegir: ¿dormir o seguir escuchando esa sinfonía nocturna?

Y decides ponerte los tapones, para ser algo de persona al día siguiente.

El safari, que pasa a ser auditivo a visual.

Una forma divertida de encarar la expedición antes subirnos al Land Rover, es la búsqueda de los Big Five.





¿Quiénes son los Big Five?

Leones, leopardos, rinocerontes, búfalo y jirafas.

Con este objetivo de fondo, ambicioso donde los haya, nos embarcamos. Ambicioso, ya que los rinocerontes, brillan por su ausencia. Esto es debido a que se encuentran en el top del ranking de los animales en peligro de extinción.

Y los leopardos suelen ser bastante escurridizos.

Pero el Parque Tsavo, ofreció un sinfín de especies como recompensa.

Familias de jirafas, cebras, búfalos, gacelas, antílopes y un porfolio al completo de más de 3.000 aves, enmarcaron la experiencia de estímulos variopintos.





Cada animal, cuenta con su equipo al completo de equilibrio natural. Su propio pajarito desparasitador, como no mencionar la importancia de su labor.

Los carroñeros, dejados como los villanos de la sabana muchas veces por Disney, esperan pacientes para desplegar sus dotes de limpiadores de la Pacha Mama.

Los leones, a su bola, románticos donde los haya, cuyo ritual de apareamiento viene con una serie de preliminares cargados de romanticismo. Atestiguamos todo el proceso como un tío lejano al que nadie ha invitado a la boda. Un ritual que dura una semana, durante 24 horas, 3 veces al día.




Montañas de tierra, cuya apariencia teletransporta a un recreativo de topos saltarines que salen de agujeros, vienen a traer a la conciencia la existencia de las termitas. Los hierbajos que crecen de estos agujeros sirven de alimento a las jirafas.





Los elefantes, siempre en comunidad, nos encaran cuando nos situamos cerca. Con sus crías, que nos provocan un tierno “ohhhh”, siempre entremedias de adultos, como criaturas vulnerables que deben ser protegidas del mayor depredador: el humano.




Las jirafas, en familia, pero con distancia, juntas, pero no revueltas, un apego seguro donde los haya. Parece que están a su bola, despreocupadas las unas de las otras, pero no es todo individualismo lo que reluce. Mantienen una cierta distancia equidistante de 1 o 2 KM, que les permite sentirse acompañada a la vez que moverse de forma libre por su entorno.




Un paisaje salpicado de elefantes, búfalos, cebras y jirafas, que parecen compartir el espacio, certeros de que son compañeros de menú.

Una armonía perfectamente improvisada.

El muestrario de vegetación del parque tampoco decepciona, salpicado de árboles Baobab. O los que comúnmente se reconocen como el árbol de la vida. Los baobabs, con poderes medicinales en su saca, se colocan en el podium de los árboles más bellos del planeta según cuenta una antigua leyenda africana.

Ruinas de Gede_Árbol Baobab


Ruinas de Gede_Árbol Baobab


Ruinas de Gede_Fruto Árbol Baobab

Se alzan en exclusivas regiones de África y Australia, pudiendo disfrutar de una longevidad privilegiada de 1500 años.

Cuando conectamos con los reconocidos “Árboles de la vida”, a todos se nos dibuja una sonrisa mal disimulada. Y es que estos se han convertido en un símbolo de esperanza, crecimiento y sabiduría. El reflejo de un camino espiritual prometido que nos devolverá sus frutos creativos.

El rojo intenso de la tierra del Tsavo me saca de mi embelesamiento.  Más polvo que tierra, esta arena maquilla la piel de las diferentes especies que comparten el parque. De hecho, las cebras lucían con rayas rojas y negras, así como los elefantes, parecían lucir el último grito de moda en una gala de rojo estelar.





Es cierto que existe algún área más árida que recuerda a los campos de Castilla la Mancha y Andalucía. Pero el verde de la vegetación es abundante, en honor a la época de lluvia que presenciamos en sus últimos coletazos. Verde y rojo se funden en una estampa de gamas que se atesoran en nuestras retinas para el fin de los tiempos. Es este el anclaje principal de los colores paisajistas de nuestra experiencia.

El barro también forma parte de la época de lluvias, y bien que lo sufrió uno de nuestros conductores. Menos mal que el compañerismo brilla por su esencia y los conductores se echan una mano en este tipo de faenas que constituyen uno de los gajes del oficio. Porque…a ver quién es el listo que puede sacar un Todo Terreno Safariano cargado de gente de lo que parecía unas arenas movedizas de rojo infernal. Todos mis respetos.

Volvíamos a nuestro hotel para seguir viviendo la magia de la sabana.

Nuestra cerca del hotel nos distanciaba a metros vista de un desfile eterno de especies que por allí pasaban. Principalmente para beber agua de las lagunas colindantes.






No es necesario ni poner un pie fuera del alojamiento. Saquen sus palomitas, relájense, y no esperen demasiado

El espectáculo está asegurado.

Tuvimos un original encuentro con unos de los vigilantes de fieras del hotel.

Sí, de fieras.

¿Por qué si acaso hay carteles en la habitación en los que se nos pide estar alerta con los leopardos de las instalaciones?

¿O que cerremos las ventanas por los babuinos que se pudieran colar?



Este rol de vigilante nocturno adquiere mucho sentido.

Con su linterna, nos alumbra lo que parece ser un ojo de león detrás de un matorral cercano. Eso explicaría el círculo de gacelas que permanecen en un círculo de terror, acudiendo al poder del grupo como método de supervivencia. Y es que la unión hace la fuerza.

Puede que pensaran que el león pululante poca gana tiene de acercarse al humano. De esta forma, permanecen en un corro de terror pegado a la cerca que nos separa de nuestro aperitivo de tardeo.

Otros que siempre circulan en comunidad, son los elefantes. Lo que parece ser una familia, con sus correspondientes crían, deambulan a escasos metros de nuestra mesa, para abastecerse de su dosis de agua diaria. En silencio, certeros de sus necesidades fisiológicas y sin demasiado lío, vienen, beben, trompean el agua y se van a otro lugar. Seguramente donde pueden vivir con más intimidad, sin ser fotografiados por esos seres humanos cotillas.


















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