Un día cualquiera a las 19.00, se
nota el cansancio. Como si la vida les fuera en ello, un grupo de pasajeros se
apresura para entrar en el vagón a tiempo y así no esperar al siguiente tren
durante 5 minutos.
Los asientos en los vagones
escasean a la hora de salida del trabajo de miles de madrileños que tienen como
premio de consolación el poder hundirse en el asiento con su móvil o e-book con
la esperanza de que nadie les dirija la palabra.
Una fugaz mirada alrededor es
suficiente para percibir el estrés y el cansancio de la vida exigente de la
capital donde el metro funciona como un mero tramitador.
Día tras día, desde el año 2012, he
utilizado este medio para llegar hasta la oficina de forma segura y fiable,
siendo mi objetivo siempre el mismo: “aprovechar ese tiempo y pasarlo de la
manera menos sufrible posible”. Además de
su función principal, me he servido de las estaciones para controlar las
principales ubicaciones de Madrid. Difícilmente
hubiera logrado ubicar Bravo Murillo sin las estaciones de Estrecho o Tetuán. Tampoco
sería capaz de pensar en la Calle Raimundo Fernández sin que de forma
automática aparezcan Nuevos Ministerios y Cuatro Caminos en los laterales de mi
mente. También ha constituido el lugar principal de quedadas sociales, no
siendo la soltura en el callejero urbano madrileño una de mis mejores armas.
Además de para lo esencial, no le
había dado más pensamiento a uno de los medios de transporte más usados en la
ciudad. No fue hasta que acudí a Andén 0,
parada de metro fantasma Chamberí, que empecé a ver al metro como lo que es
en realidad: uno de los lugares con más
alma de la ciudad.
La red de metro de Madrid fue inaugurada
por el rey Alfonso XIII, siendo hasta final de siglo de
propiedad privada. Aunque no es de los
metros más antiguos de Europa, ya que el de Londres, París y Atenas ya
respiraban por entonces, es de respetar su evolución a lo largo de un siglo
marcado por periodos de inestabilidad política y transformación en todas sus vertientes
social y económica.
Seguramente, la mayor
contribución humana que tuvo la de red de transporte fue durante la guerra
civil. Durante este periodo, no sólo sirvió como lugar de refugio y
escondite en momentos de bombardeo, sino que los vagones de metro se
convirtieron en ambulancias subterráneas del Socorro Rojo Internacional.
Para hacernos una idea de su labor,
este es el texto que el 6 de agosto de 1936, el Ministerio de la Guerra publicaba
en los principales periódicos:
El Metro prestará servicio hasta las dos de la mañana. En todo caso, las
entradas de las estaciones estarán abiertas toda la noche, para que puedan
refugiarse los vecinos que decidan hacerlo así para preservarse de los peligros
ocasionados en caso de sufrir la ciudad un ataque aéreo. A partir de las once,
la Dirección de Metro cuidará de que las luces de la escalera de accesos las
estaciones están apagadas, entra tanto se las dota de unas pantallas especiales
en cuyo caso estarán encendidas…
Salvador de vidas, escenario de infierno
en vida, cómplice de conspiraciones y traiciones, testigo de masacre entre vecinos
y familiares, no cabe duda de los roles multifacéticos que se vio obligado a adoptar
el metro en tiempo de guerra.
Sin embargo, además de la
adaptación de su servicio a las necesidades humanas más urgentes, el metro
constituye un reflejo de la evolución y transformación social que ha
experimentado la ciudadanía española por todo el siglo.
En lo que respecta a la transformación
en el empleo, ha habido significantes cambios en cuanto a la
integración y trato de la mujer como a la automatización en el empleo. Hasta
los años 80, las taquilleras del metro tenían prohibido casarse. Solo las
solteras podían tener ese trabajo, y si se casaban eran despedidas. Por otro
lado, a partir de las 22 horas todos los puestos de trabajo estaban reservados
a hombres.
En cuanto a la automatización del
empleo, desde que las primeras máquinas expendedoras de billetes aparecieran
en 1970 es evidente que todos los procesos, desde la venta hasta la asistencia
se han ido automatizando hasta tal punto que lo más habitual es no tener ningún
contacto humano en el viaje.
Y es que el metro refleja como nada
la necesidad de cambio en el mundo
actual, la sensación de que lo que no es capaz de adaptarse o transformarse
está destinado a estancarse y morir. Esto es lo que percibimos actualmente en
el mundo empresarial pero que nos transmite las estaciones fantasmas como
Chamberí.
El estilo de los mensajes publicitarios también se ha
modificado drásticamente. Cuando visité la estación fantasma de Chamberí, lo
que más me impactó de los carteles, además de la instalación artesanal de los
mismos, fue la dominancia de su texto y la practica inexistencia de imágenes. En
un mundo en el que estamos saturados de estímulos publicitarios, difícilmente un
contenido exento de vida multimedia podría llamar nuestra atención.
Lo que más interesante me parece es
el cambio en el estilo de vida de los
pasajeros. Los vagones reflejan muy bien el cambio de una sociedad más
colectiva y social a una más individual y digital. En el pasado, era común que
múltiples conversaciones entre muchos se hicieran eco en el viaje mientras que otros
sostenían el ABC en formato papel. Sin embargo, hoy en día entre semana la
escena que más abunda es la de miles de individuos que se ocultan tras una
pantalla de cualquier dispositivo. Muchos incluso aprovechan los eternos
trayectos para formarse y así mejorar su competitividad. Debe que la gran
velocidad de cambios nos obliga a estar siempre update y no perder ni un segundo.
Un día cualquiera a las 19.00, se nota el cansancio. Mi imaginación se pierde en darle al metro un escenario más interesante que los rostros de fatiga de alrededor: lugar de inspiración de grandes artistas, reuniones amistosas, encuentros clandestinos, espectáculos musicales de artistas callejeros, carroza de cenicienta tras encuentros de amores jóvenes y reprimidos…
Y tú, ¿cómo ves el metro de Madrid?
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| Estación Fantasma-Chamberí |
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| Estación Fantasma-Chamberí |
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| Estación Fantasma-Chamberí |
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| Estación Fantasma-Chamberí |
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| Metro como refugio durante Guerra Civil |





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