Cuando viajamos a Costa Rica, y me
atrevería a generalizar con el resto de Centroamérica, nuestra atención es
atrapada inevitablemente por el glamour
de sus paisajes naturales y la biodiversidad de sus especies. Sin embargo, no
sólo la naturaleza rinde homenaje a la esencia única del país tico, sino además
la diversidad de sus gentes.
A pesar de ser un país pequeño si
lo comparamos con sus vecinos latinos, Costa Rica constituye el asentamiento de
diferentes culturas en función de hacia dónde giremos el mapa.
Aproximadamente un 83% de la
población se declara blanca o mestiza con diversas ascendencias, mientras que
existen cuatro grupos minoritarios de afrodescendientes, indígenas y asiáticos.
La mezcla étnica es bastante
palpable a lo largo del recorrido durante el país si bien es verdad que la mayor
concentración racial la encontramos en la provincia
de Limón. Es en el este del país donde predomina una presencia casi
absoluta de la raza negra.
¿A qué se debe esta mayor concentración
de la etnia negra en Limón?
Bajo la influencia de la
colonización española, como ocurre en otros países caribeños durante los siglos
XVI - XVIII, las ciudades eran inundadas con personas africanas traídas como
esclavos al mando de la corona para el desarrollo del imperio español en las Américas.
Hasta la abolición de la esclavitud en
el siglo XIX, el flujo de mano de obra gratuita era continuo por parte de los
colonos españoles ya que los indígenas no eran suficientes para la explotación
de sus propósitos económicos.
Adicionalmente a las consecuencias étnicas
de la actuación colonial, que siguió el mismo patrón en la mayoría de los países
colonizados, otro factor a considerar es la
migración jamaicana. Panamá, Cuba y Costa Rica fueron algunos de los
destinos elegidos por los jamaicanos tras la crisis azucarera de 1.860 y otras posteriores.
Desarrollo de Talamanca
Otros acontecimientos posteriores a la época colonizadora provocaron el asentamiento y posterior consolidación de la cultura jamaicana en la provincia de Limón. La construcción del ferrocarril en Limón, el desarrollo del cultivo bananero y la pesca de la tortuga, constituyen otras de las actividades económicas del siglo XVIII-XIX que atrajeron a multitud de afrodescendientes de Panamá, Jamaica y otros puntos del caribe.
Paz y amor en Puerto Viejo de Talamanca
Puerto Viejo fue una opción idónea para ponerle broche final a nuestro viaje, ya que Bob Marley de fondo diciéndote que "Don't worry about a thing,'Cause every little thing gonna be all right” no dejaba opción para la planificación o estrés. El principal legado de este pueblecito caribeño es que te integres en su atmósfera de vive el presente y que el mañana nos pille relajados.
En cuanto dejamos las mochilas en el camping, alquilamos una bici y activamos nuestra actitud exploratoria. A nuestro paso íbamos dejando en el lateral los puestitos con pulseras, obsequios, pañuelos y trencitas africanas que atraían a los turistas.
La gastronomía caribeña es otro de los obsequios con los que deleitarse el paladar después del largo viaje. El pollo caribeño con salsa de coco y los rice and beans no han de faltar en ningún menú para llevar la experiencia caribeña al máximo.
Las playas, no tan grandes como las de Tamarindo, resaltan por un carácter más selvático y natural. De hecho, la costa caribeña acoge diversos parques naturales, entre ellos Cahuita y Manzanillo.
Uno de los encantos de Puerto Viejo, es el rápido acceso con un corto paseo en bici a las playas de Chocles, Uva y Manzanillo. En estas playas multitud de surfistas formarán parte del espectáculo playero junto con comunas hippies que darán vida y ritmo a la playa con el son de sus tambores.
Las fogatas en la playa y las actuaciones de los malabaristas con el fuego abrían paso a las estrellas, momento en que el entretenimiento era abanderado por los barecillos de la playa y el reggae marcaba los latidos de la noche.










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