lunes, 7 de enero de 2019

Costa Rica On the move


El admirable y único respeto de la sociedad tica por la naturaleza tiene un precio y es que resulta “un pelín” complicado moverse por el país. A la centralización del sistema de autobuses público de todo el país en San José, que impide cierta flexibilidad hay que añadir carreteras no muy seguras principalmente en el camino hacia los bosques y reservas de la meseta central. No obstante, para aquellos más acomodados siempre va a existir alternativas (shuttles) aunque siendo estas más perjudiciales para el bolsillo y la libertad de horarios.

A lo largo de nuestro viaje, elegimos una combinación de transporte público, alquiler de coche y transporte privado en función del tramo. Con ello ganamos en flexibilidad y sumamos nuevas experiencias.

Cuando nos movemos por nuestra cuenta por un país totalmente desconocido solemos prestar más atención a lo que nos rodea, agudizando nuestros sentidos y activando nuestros niveles de alerta de modo que poco pasa desapercibido.

Costa Rica, cuenta con una población de 4M de personas, con aproximadamente el 42% de la población concentrada en 10 ciudades. Esto quiere decir que en nuestro viaje en coche hacia Monteverde de aproximadamente 4 horas nos encontramos con un paisaje donde la naturaleza se extendía hasta el infinito con pocos signos de asentamiento humano.

Bosque, jungla, gavilanes, águilas y los carteles de “atención, paso de fauna” se convirtieron de forma recurrente en nuestros compañeros de viaje en un trayecto mayormente curvilíneo. No obstante, al caer la noche sobre las 5.30 pm las señales de peligro y el peso de la oscuridad bloqueaban cualquier otro estímulo que la montaña quisiera mostrarnos a nuestro paso.

Nunca había tenido un encuentro tan intimidante con la oscuridad. Nos olvidamos en nuestro día a día de la contaminación lumínica que nos rodea. En situaciones de ausencia de la luna en cualquiera de sus vertientes es cuando llegas a ser consciente del protagonismo de la luz en nuestras vidas.
Sin embargo, bien es cierto que al cabo de un tiempo conduciendo podrás encontrar algún pueblo para paradas técnicas transitorias y abrir el estómago con comida local en los numerosos sodas que se distribuyen por la geografía tica.

En estos pueblos descubrimos la ilusión tica por la navidad plasmada en forma de luces multicolores decorando la fachada de las casas. Es cuestión de adaptarse, pero fue todo un contraste de costumbres dejar el abrigo por una celebración navideña en bikini.










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