El admirable y único respeto de la
sociedad tica por la naturaleza tiene un precio y es que resulta “un pelín”
complicado moverse por el país. A la centralización del sistema de autobuses
público de todo el país en San José, que impide cierta flexibilidad hay que
añadir carreteras no muy seguras principalmente en el camino hacia los bosques
y reservas de la meseta central. No obstante, para aquellos más acomodados
siempre va a existir alternativas (shuttles) aunque siendo estas más
perjudiciales para el bolsillo y la libertad de horarios.
A lo largo de nuestro viaje, elegimos
una combinación de transporte público, alquiler de coche y transporte privado
en función del tramo. Con ello ganamos en flexibilidad y sumamos nuevas
experiencias.
Cuando nos movemos por nuestra
cuenta por un país totalmente desconocido solemos prestar más atención a lo que
nos rodea, agudizando nuestros sentidos y activando nuestros niveles de alerta
de modo que poco pasa desapercibido.
Costa Rica, cuenta con una población de 4M de
personas, con aproximadamente el 42% de la población concentrada en 10
ciudades. Esto quiere decir que en nuestro viaje en coche hacia Monteverde de
aproximadamente 4 horas nos encontramos con un paisaje donde la naturaleza se
extendía hasta el infinito con pocos signos de asentamiento humano.
Bosque, jungla, gavilanes, águilas
y los carteles de “atención, paso de fauna” se convirtieron de forma recurrente
en nuestros compañeros de viaje en un trayecto mayormente curvilíneo. No
obstante, al caer la noche sobre las 5.30 pm las señales de peligro y el peso
de la oscuridad bloqueaban cualquier otro estímulo que la montaña quisiera mostrarnos
a nuestro paso.
Nunca había tenido un encuentro tan
intimidante con la oscuridad. Nos olvidamos en nuestro día a día de la
contaminación lumínica que nos rodea. En situaciones de ausencia de la luna en
cualquiera de sus vertientes es cuando llegas a ser consciente del protagonismo
de la luz en nuestras vidas.
Sin embargo, bien es cierto que al
cabo de un tiempo conduciendo podrás encontrar algún pueblo para paradas
técnicas transitorias y abrir el estómago con comida local en los numerosos sodas que se distribuyen por la
geografía tica.
En estos pueblos descubrimos la
ilusión tica por la navidad plasmada en forma de luces multicolores decorando
la fachada de las casas. Es cuestión de adaptarse, pero fue todo un contraste
de costumbres dejar el abrigo por una celebración navideña en bikini.







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